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09-Fev-2012
De Regresso ao Jardim - entrevista a Olga Simon PDF Imprimir e-mail

By Luís Pinheiro, on 11-12-2008 02:35


 Ao percorrer, na madrilena Galeria Astarte, “Jardín polar” de Olga Simón o observador encontra pedaços íntimos de si próprio. A experiência individual deste trabalho condu-lo a um passeio por dentro do universo interior, para onde o encaminha uma outra realidade construída fotograficamente, que revela e oculta, mas acima de tudo traduz, com sentido poético, a imensidão evocada.

O trabalho de Olga Simón parte da vida, na interacção com sentimentos e questionamentos pessoais. Acordada para o mundo, a artista recria-o no universo pessoal que apresenta em pequenos fragmentos como realidade essencial à experiência humana.

As fotografias de Olga Simón situam-se muito para além dos condicionalismos do tempo, do espaço ou do meio de expressão. A artista cruza diferentes linguagens, apreende e investiga constantemente a realidade que lhe cai sob os olhos, as mãos, as emoções e sobre isso reflecte e constrói um mundo outro. Por se encontrar disponível ao aqui e agora, a sua experiência do quotidiano adquire toda a sua magia natural.

A narrativa que caracterizou parte dos seus trabalhos anteriores – e o presente – liberta-se das sequências visuais e literárias, e ressurge agora com total autonomia no espaço expositivo, apesar da aparente bidimensionalidade da montagem. As interacções entre os trabalhos e as próprias obras incorporam dimensões, sentidos e gramáticas que não os apenas plásticos ou visuais.

Olga Simón expressa de forma plena o mundo em que vive plenamente.

La memoria es un aspecto central de las obras que presenta en la actual exposición "Jardín polar". Son fotografías, registro del tiempo y del movimiento; las imágenes presentan fragmentos de textos imposibles de leer, otras memorias. ¿Es esta temática [la memoria] un recurso en sus obras? ¿De que otras maneras la trabajas?

El concepto de memoria aplicado al medio fotográfico es uno de los aspectos que me hicieron tomar contacto con la fotografía e interesarme por ella.

Roland Barthes, en su tratado “La cámara lúcida” describe el viaje al pasado que particularmente le supuso contemplar una fotografía de su madre ya fallecida. Era tal su implicación emocional al contemplar la foto del invernadero, que afirmaba ser capaz de vivir el momento en que esa fotografía fue tomada, con tal intensidad y tal grado de certeza, que llegaba a “oler” los polvos con los que su madre se maquillaba.

Esa posibilidad implícita en la fotografía de trasladarnos mentalmente en el tiempo, provocó que me apasionara con el medio. Pienso que el movimiento no es unidireccional hacia el pasado. Si sabemos verlo, la fotografía posee también la capacidad de trasladarnos a un posible futuro, o a una [o varias] realidades paralelas… En esto reside su magia.

 Hay otro aspecto que me interesa de la fotografía: Por su vinculación obligada con un referente extraído de la realidad, tendemos a darle credibilidad [es lo que hemos hecho históricamente durante muchos años, asociándola a la reproducción y separándola de la creación]. Pues bien, esa credibilidad convierte al medio en una herramienta ideal para la ficción, que nos permite inventar hasta límites insospechados… diluyendo los límites entre lo que es real y lo que no. ¿Qué es [para cada uno de nosotros] lo real? ¿Lo que vemos con los ojos y tocamos con las manos? ¿Lo que sentimos con el corazón?... ¿Lo tangible? ¿Lo intangible?

La temática del recuerdo, más concretamente el recuerdo tamizado por nuestra propia memoria, me interesa mucho y está presente de forma evidente en algunos de mis trabajos anteriores, como en “El número siete”, basado en el recuerdo de una historia vivida en un periodo de tiempo pasado… o en el trabajo “Azul”, que es una búsqueda, un intento más de reproducir una tonalidad concreta de color azul que mi mente recuerda asociada a una vivencia personal, y que nunca llego a fotografiarla con exactitud porque nunca consigo encontrarla.

Por supuesto la memoria está presente en Jardín polar. Pero en esta ocasión, se muestra un tanto escondida. Cuando presento fragmentos de textos imposibles de leer, es porque me interesan más las memorias de aquellos que miran… En el arte nada es inocente: todo se impregna de nuestra propia mirada.

Jardín polar también alude al tiempo y al movimiento.

Es cierto que en Jardín polar registro un tiempo… pero no tiene nada que ver con el tiempo en sentido literal… sino con mi propio tiempo interno, aquel que se corresponde con mi momento actual.

También registro el movimiento, referido a la idea de cambio, regeneración, evolución… a la posibilidad de que todo pueda volver a construirse, de otra manera…

Este cambio [tan necesario, enriquecedor y constante en la vida], es el movimiento que me interesa fotografiar. Mi fotografía es una fotografía de intangibles, aunque para ello use el mundo tangible.

El espacio-tiempo aparece transfigurado en sus fotografías. La imagen atiende a un espacio reducido de la realidad y comprende apenas un instante del tiempo, con todo esto nos metemos en un universo y para la eternidad. Los límites dan una imagen de dimensión y el sentido tradicional de contemplación de un cuadro fijo desaparece. Presenta paradojas.

¿Trabaja también estas contradicciones?

Sí… fotografío microcosmos que pueden entenderse como macrocosmos… instantes que son eternidades…

 Trabajo con paradojas y con aparentes contradicciones. Más bien me intereso por la unidad de los contrarios, es decir, investigo sentimientos, sensaciones que aparentemente son contrarias, pero que realmente conviven y coexisten juntos.

En Jardín polar es palpable. El tiempo recortado, pero eterno. El espacio limitado que se vuelve ilimitado. Un fragmento de realidad que lleva a infinidad de realidades paralelas. La luz en la oscuridad. La calidez en lo frío. El movimiento de lo que está congelado. La libertad en lo encapsulado. El texto ilegible, que se muestra y esconde. El orden con apariencia de caos…

Jardín polar es en esencia eso, un intento de investigar y plasmar fotográficamente esa unidad de contrarios que han coexistido en una etapa personal.

La vida es mi mayor fuente de inspiración y está repleta de paradojas. Nosotros mismos estamos conformados por aparentes contradicciones. Estas ideas me interesan mucho.

En su trabajo, el escrito, a pesar de ser ilegible es una presencia constante. El cruce del lenguaje plástico con la literatura. ¿Le interesa? o ¿se trata apenas de una utilización esporádica de escritura con sentido plástico y temático?

La literatura me interesa mucho. Es en si misma otra fuente inagotable de creación.

En mi trabajo creativo, la palabra hace su incursión en numerosas ocasiones:

En la instalación “El número siete” tomaban idéntica importancia los textos y las fotografías que la conformaban…

En mis comienzos con la fotografía, muy inspirada por Duane MIchals, realizaba imágenes sobre las que escribía textos…

Desde hace un año [en paralelo a la producción de Jardín polar] realizo un intercambio encadenado de textos e imágenes con un amigo escritor…

Pero aunque hago uso de la palabra, del lenguaje y de los escritos cuando los necesito, no son imprescindibles en todos mis trabajos.

Uso la palabra en aquellos momentos que es necesaria, como uso cualquier otro medio de creación si una idea concreta así lo requiere.

En el caso de Jardín polar, la palabra es básica.

Considero que su trabajo es bastante poético. ¿En sus obras trabaja directamente la poesía visual?

No trabajo la poesía visual a propósito… pero sí es cierto que los resultados que obtengo, en la mayoría de los casos, van en esa dirección.

 Creo que mi trabajo es un discurso propio, que utiliza un lenguaje personal… Y que, aunque ahora se haya introducido en el mercado del arte, siempre ha sido ajeno a sus modas o tendencias.

No soy partidaria de las clasificaciones [en general, en ningún aspecto de la vida]. Cada cosa es como es, en un momento determinado, por unas circunstancias concretas… No obstante si tuviera que encuadrar mi trabajo de alguna manera, diría que es bastante poético y que podría entenderse como perteneciente al género de poesía visual.

Lo que más me interesa del arte no es lo que un individuo concreto quiere contar, sino lo que los demás son capaces de recibir y los discursos paralelos que se puedan generar. El arte es pura polisemia… cuanto más abierto, más rico.

La poesía visual tiene la particularidad de no abortar el libre pensamiento. Considero esto esencial, por lo que me encuentro en bastante sintonía con este género.

Se consiga de una forma más o menos explícita, lo que me interesa del arte no es que plantee soluciones cerradas… sino que genere nuevos interrogantes.

¿Conoce la obra "Los Mensajes escondidos en el Agua" de Masaru Emoto? ¿Ese libro influyó en las fotografías que presentó en esta exposición?

Conozco el trabajo de Masaru Emoto… La verdad es que hasta ahora que usted lo menciona, no había pensado en él. Cuando realicé “Jardín polar” no lo tenía presente, por lo que no considero que haya influido de ninguna manera.

Ahora, a posteriori, puedo encontrar alguna similitud. Quizá la más fuerte [a parte de la evidencia de que hacemos uso del agua en su estado de congelación] sea que ambos trabajos se basan en el cambio y la regeneración.

Masaru Emoto tiene una particular teoría de cómo determinados factores pueden afectar a la cristalización del agua, aparentemente prefijada de una manera. Parte de la base que el agua no cristaliza con el mismo grado de perfección si está sometida a un medio ambiente sano, frente a uno contaminado…etc.

Su teoría, planteada con carácter científico, propone que podemos intervenir en la regeneración de la estructura del agua, sometiéndola a otros factores, como la música. Según él, la elección de una sintonía más o menos armónica provoca que su estructura cristalina se transforme en otra más perfecta o imperfecta, es decir, que cambie, regenerándose o degenerando.

Él apoya su hipótesis con preciosas fotografías de estructuras cristalinas [más o menos perfectas] que presenta como resultados de su investigación.

Lo que más me interesa de su teoría es esa intervención para tratar de cambiar lo que se supone preestablecido.

Jardín polar habla de la importancia del cambio, de la mutación, de la reconstrucción y de la evolución… como metáfora de la propia vida.

Sin duda el cambio se produce a partir de una disposición particular. En ocasiones se puede provocar interviniendo en un determinado momento, fracturando unas condiciones puntuales... En otras ocasiones nos viene dado… entonces es conveniente dejarse llevar, permitir que todo siga su curso… que la vida actué por sí misma, con sus propias leyes…

Observar, ir descubriendo y saber apreciar la infinidad de matices encontrados en el camino, es lo que puede resultar tremendamente enriquecedor del proceso.

¿Vio el trabajo fotográfico "En Circunstancias Normales" de la artista portuguesa Joana Pimentel, presentado en Meiac Badajoz? En su opinión se puede establecer algún paralelismo con su trabajo?

No pude ver la exposición de Joana Pimentel en el Meiac [algo que lamento], pero sí he tenido la oportunidad de ver después algunas de las piezas que constituyen su trabajo. Me parece fascinante… Me sorprendí mucho al verlo por primera vez, pues me encontraba trabajando en algo plásticamente muy similar…

En este caso el discurso es diferente.

 “En circunstancias normales” es un trabajo que parte del descubrimiento de once libros que habían permanecido escondidos en el interior de una pared de una casa de Barcarrota [Badajoz] durante más de cuatro siglos. Esa idea de permanecer congelado en el tiempo es la que Pimentel usa como punto de partida en su trabajo. Ella congela libros físicamente y los fotografía para hablar metafóricamente de la congelación del tiempo.

En Jardín polar, el discurso es otro muy diferente. Al congelar la palabra, fracturarla, dejar actuar a las leyes físicas, volver a congelarla… se está hablando de movimiento, cambio, vida, regeneración, reconstrucción… Se trata de descubrir la calidez que puede esconder lo que en apariencia es frío, el movimiento que existe en lo aparentemente estático, la vida que estalla, resurge y vibra en lo aparentemente estanco…

Si valoro en conjunto todos los trabajos de Joana Pimentel junto a los míos… sí veo grandes similitudes. Ambas hacemos de nuestro mundo interior un discurso plástico. Da la coincidencia de que en ambos casos nuestros mundos están repletos de personajes femeninos y de escenarios oníricos, donde el agua [fluyendo o en estado de congelación] aparenta ser fundamental… ¿La diferencia? Son dos mundos propios. Cada una indaga el suyo.

Me provoca tanto interés Joana Pimentel y el conjunto de su trabajo plástico, que cualquier conexión que pueda haber entre nuestros trabajos, es entendido desde mí como un halago.

¿Por qué el título "Jardín polar"?

Jardín. Del jardín me interesa la idea de su constante cambio y regeneración. La idea de fertilidad.

El jardín es como la vida: lleva implícito el cambio durante su existencia. Un jardín se hiela, se deshiela, nacen sus flores y frutos, mueren… pero como la vida misma está en constante evolución. Constantemente se regenera, de otra manera…

Polar. Tiene un doble sentido. Polar por el hielo [aparentemente tan frío]. Pero también polar en el sentido de “polos”, aludiendo a esa unidad de contrarios en convivencia: atracción rechazo, frío calor, oscuridad luz, muerte vida, estancamiento libertad, dolor pasión…

El trabajo que se expone en la Galería ASTARTÉ responde a mi propio Jardín polar… Lo impactante es que cada uno que se adentra a pasear por él, encuentra el suyo propio.

Observar esto está resultando sumamente enriquecedor.

¿Recurre habitualmente a la escenificación para pasar al exteriorismo de las formas capturadas en la imagen fotográfica y transportar al observador para el Universo interior representado?

 Exactamente. Yo fotografío lo que está en mi mente [en mi corazón, en mi estómago] y lo que está en mis sueños.

Muy pocas veces me encuentro por la calle las imágenes que están en mi cabeza… así que, generalmente he de construirlas.

Hay excepciones. En trabajos como “Azul” o “Fragmentos de mar”… me encontré frente a situaciones que reproducían aquello que yo imaginaba… En ambos casos supe ver, así que evité construir.

Por lo general, no tengo ningún problema en escenificar y fotografiar aquello que imagino. Me interesa la fotografía de intangibles [sueños, deseos, sentimientos, miedos, obsesiones]… y difícilmente puedo llegar a ellos de otra manera.

¿Como se desarrolla un proyecto artístico? ¿Utiliza siempre el mismo método o lo altera de acuerdo al trabajo?

La vida es mi mayor fuente de inspiración… y siempre estoy alerta. Esto es una constante en el desarrollo de mi proceso creativo.

Otra constante es que presto atención a mis sueños.

El resto me cuesta describirlo… Tengo determinados intereses personales con los que convivo, que siempre están en suspensión en mi cabeza, aunque en mí día a día apenas lo advierta.

Cuando surge una idea… fluye una especie de energía difícil de describir: calor, nervios… Inmediatamente he de hacer un boceto, apuntar la idea y tratar de hacerla real lo antes posible… Éste es sin duda el mejor momento: cuando la emoción, los nervios, la intranquilidad se junta… y empiezas a ver que tu hipótesis inicial va bien… que lo que estas empezando a construir puede funcionar y responder a tus propias preguntas. La sensación es incomparable.

Luego es cuestión de trabajar, trabajar, trabajar, reflexionar, reflexionar, reflexionar… seguir trabajando y seguir reflexionando… hasta dar con tu propio resultado. Pulirlo.

¿Los medios que utiliza, varían de acuerdo los trabajos que desarrolla, o por el contrario, son medios de expresión [como es la fotografía] que condicionan el trabajo?

No me siento condicionada por ningún medio de expresión… pero el medio fotográfico es aquel en el que mejor navego, en el que me siento más cómoda y a través del que logro transmitir lo que con otros [como es el caso de la pintura] nunca he conseguido.

Mi primera exposición individual fue en la Sala Rekalde Area2 de Bilbao, con una instalación fotográfica “El número siete” que consistía en un pasillo muy estrecho y oscuro donde transcurría la acción. El espectador que quería ver algo, debía atravesarlo… y para ello debía encuadrar, enfocar, iluminar… como si fuera el fotógrafo de su propia historia. La luz, texto, instalación, fotografía, espejos, juegos de reflexión, movimiento… muchos medios estaban presentes… y todos eran igualmente necesarios e importantes.

 En Jardín polar he usado básicamente el medio fotográfico, aunque la palabra está en la base. De alguna manera rozo el campo escultórico, por el tipo de producción de las imágenes, y el mundo de la instalación, por su disposición no convencional en el espacio.

Actualmente, para un nuevo proyecto, estoy bordando unos textos en pañuelos y empezando a trabajar con resinas…

Con todo esto, lo que pretendo es contestar a su pregunta. En el sentido de si algún medio condiciona mi trabajo: No, en ese sentido soy completamente libre.

¿En la forma como desarrolla su trabajo artístico, la búsqueda teórica y la experiencia practica son simultaneas o se alternan?

Lo pretenda o no, coexisten y conviven. Básicamente tengo la necesidad de desarrollar mi trabajo artístico en la práctica, pero lo quiera o no… mi conocimiento teórico, tesis, intereses, estudios… están ahí… y de una forma más o menos obvia, está claro que influyen, intervienen, alimentan y en ocasiones generan la necesidad de crear.

Resulta un poco absurdo intentar separarlo. Somos lo que somos por lo que hemos vivido, por todas las experiencias que nos conforman, por nuestros conocimientos, intereses, curiosidad, por nuestra manera de movernos por el mundo y nuestra actitud ante la vida… Todo influye en todo.

¿La presente exposición se encuadra en el conjunto de búsquedas que realiza para su doctoramiento? ¿De que forma?

Es sin duda un trabajo introspectivo que perfectamente podría encuadrarse dentro de algunos de los parámetros que establezco en mi investigación doctoral.

No entiendo mi trabajo si no está en directa relación con mi vida, ni entendería mi vida si no estuviera en relación directa con mi trabajo. Se trata de una necesidad… y los límites son en ocasiones literalmente indiscernibles.

¿El que es para Usted "Fotografía Introspectiva"?

La Fotografía Introspectiva es una corriente caracterizada por hacer uso del medio fotográfico como herramienta de introspección, para el estudio y análisis del yo.

En ella estarían englobados aquellos trabajos que haciendo uso del mundo exterior navegan profundizando en el interior, en las entrañas, en los recovecos del ser… En definitiva es una vía de trabajo que nos ayuda en la ardua tarea de conocernos a nosotros mismos.

Mi forma de entender y vivir la fotografía es otra de mis aparentes contradicciones. Uso un medio supuestamente objetivo para atender y entender lo subjetivo… Hago uso del mundo exterior para analizar, comprender y proyectar mi mundo interior…

¿El que diría sobre el agua que no está en estas fotografías?

 El agua tiene gran simbolismo.

Es la base de nuestra existencia, de nuestra composición física. Somos el planeta azul por nuestra agua… sin la cual no habría vida.

En un sentido metafórico me interesa el agua por su dualidad: nos da la vida, es nuestro líquido protector [desde que estamos gestándonos en el útero materno], nos envuelve y protege… pero de la misma forma puede imbuirnos, ahogarnos…

A priori siento el agua como algo positivo… pero también me fascinan las lágrimas [en esencia, agua]… y sobre todo su por qué.

Me fascinan los conceptos que atrapa: Vida - muerte. Fluir – estancarse… fluir…dejarse llevar… el eterno retorno… que nadie se bañe dos veces en las mismas aguas…

Adoro a Ofelia en sus gélidas aguas…

Me pierdo en su color azul…


   

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