| By Eduard Arbós,
on 13-01-2009 20:13
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Eduard Arbós expõe “Vestiges” na Galería Alejandro Sales, em Barcelona (Espanha), até 31 de Janeiro. Arbós questiona a natureza do espaço, da representação e do espaço de representação com as suas pinturas e instalações. Sobre a mostra publica-se a seguir um texto da autoria do artista com o mesmo título, “Vestiges”.
VESTIGES Acotaciones de un proceso Les images doivent être comprises en termes d'énergie et d'intensité; mais cette énergie n'est jamais <<pure>>, toujours elle adhère à quelque chose dans l'histoire et, donc, ne se dissipe pas purement et simplement, mais survit sous une autre forme, comme vestige, reste, lacune, symptôme, hantise, mémoire inconsciente. Georges Didi-Huberman (Image Object Beckett -Centre Pompidou, 2007-) Vestiges, la presente exposición, cierra la trilogía iniciada y desarrollada con las dos precedentes, Trajectòries y Lindes. En Vestiges se pone de manifiesto una dualidad conceptual; presencia-ausencia. Espacialidad y temporalidad planteados como aspectos de una misma experiencia. La duración temporal, en este caso, no es una cuestión de hecho sino de sentido, ejemplificada por la relación mente-cuerpo. Cuerpo es aquello que tiene extensión limitada, lo perceptible por los sentidos, es presencia. La ausencia es falta o privación, es inmaterial, incorpórea, mental.  Una serie de obras, materializadas en distintos lenguajes, ponen de manifiesto esta dualidad. Así, pues, nos encontramos con unas piezas realizadas en foam, los cuts, génesis del trabajo presentado, que se hallan a medio camino entre el dibujo y la escultura. En ellos, el dibujo, el trazo es incisión y pone de manifiesto la corporeidad del material, abriendo y resaltando, de tal modo, conceptos escultóricos como volumen, cuerpo, vaciado, interioridad y exterioridad.
Este corte genera volumen, cuerpo, es físico. Si quitamos el cuerpo recortado obtenemos el vaciado. La incidencia de la luz en un cuerpo genera sombras. La sombra es inmaterial. Dibujando la sombra que proyecta dicho volumen señalamos el cuerpo ausente, de ahí nacen las obras pictóricas expuestas. Ahora es la mente la que reconstruye el objeto. Se produce una relación espacio temporal. Queda la memoria de la forma, lo vacío e incompleto concebido como presencia de lo ausente. La mente, a través del rastro, de la huella, reconstruye los hechos. La sombra, inmaterial, deviene signo, es el vestigio de la materia. Las relaciones entre los signos generados conforman una sintaxis y, por tanto, implican una lectura. Dicha lectura no será lineal y discursiva, sino dislocada en simultaneidades como el pensar, que salta de una idea a otra, de una imagen a otra, abriendo relaciones y asociaciones heterogéneas y dispares, incorporando temporalidades anacrónicas. El montaje es obra, no una simple unión de cosas, sino la unión de una serie de dislocaciones, de intensidades. Al mostrar los estados, las posibilidades, los cambios y mutaciones, se subraya el movimiento; secuencialidad, asociación, relación de imágenes múltiples. Lo mudable, lo inestable y lo relacionable como generador de diálogos espacio temporales. El proceso, el recorrido, deviene eje semántico.  Vestiges se articula en los dos espacios de la galería. Un dibujo mural, al fondo de la sala mayor, incide en lo planteado, ya que un ligero desplazamiento de la estructura pone al descubierto su rastro. Presencia-ausencia en una misma re-presentación.
En Blackspace, el segundo espacio, una instalación titulada 5o introduce lo real arquitectónico en el discurso. Se trata de un espacio vacío en cuyo suelo se reconstruye la estructura de su planta desplazada mediante un giro de 5o. En este caso, a diferencia de los cuts donde el dibujo es invención de una planta-estructura imaginaria, el trazado viene dado por el propio plano de la sala. Si levantáramos los muros, a medio construir, de la intervención, obtendríamos una replica del espacio real donde nos ubicamos. La visión cenital de los espacios sugeridos en los cuts es aquí una construcción real, habitable, circulable, no un plano concepto, sino una realidad objetiva. Los muros de la sala, al estar pintados de negro, sugieren cierta desmaterialización, dando, así, mayor relevancia al nuevo espacio sugerido, al vestigio de una nueva demarcación. ¿Ruina, memoria, o espacio en proceso de construcción? El desplazamiento, el giro, indaga en esta idea, ya que podríamos asociarlo a la re-construcción de la memoria. En ella siempre nos encontramos con un desplazamiento, un espacio en blanco, un vacío entre los hechos y su recuerdo re-interpretación. Siempre nos encontramos con una zona de perplejidad, de extrañeza. Un intersticio, que deviene ficción, fingimiento, invención. Nace una nueva narración y, por tanto, una nueva interpretación. El intersticio se convierte en protagonista. Lo no formulado, lo que se halla fuera de los márgenes, un lugar fluctuante entre claridad y complejidad.
Diríamos pues, a modo de resumen, que nos encontramos ante una serie de propuestas que pretenden ser abiertas, mutables, intercambiables, polisémicas y, por tanto, susceptibles a diversas lecturas e interpretaciones, y que, a través de diálogos entre arquitectura, escultura, dibujo y pintura, ponen en cuestión nuestro modo de percibir, representar e interpretar aquello que llamamos realidad. Una mirada, en definitiva, que, destacando el proceso, propone y compone un nuevo mapa donde lo real y lo ficcional se funden y confunden en un todo indisociable. Eduard Arbós Barcelona, Octubre 2008 |
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