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09-Fev-2012
“La sombra habitada” de José Luis Raymond PDF Imprimir e-mail

By José Luis Raymond, on 17-01-2009 21:04


 José Luis Raymond expõe em “La sombra habitada” pinturas e objectos, que interagem no espaço expositivo recriado pelo artista no MACUF (Museo de Arte Contemporaneo UNION FENOSA), na Conuña (Espanha), até 22 de Fevereiro. Sobre a mostra publica-se a seguir o  texto "Mi habitación" da autoria do artista.

Mi habitación

*Acabo de terminar con la última urna. Una urna que representa el fuego, que contiene al carbón envuelto, envuelto por un papel aislante, un manto con el que conservamos nuestras emociones, para que no se pierdan y se mantengan. Una urna que reluce, a la que acompaña otra donde los espejos y la luz artificial reflejan a través de sus imágenes nuestros destellos internos de la pasión, una de nuestras mejores emociones. Estas urnas no podrían funcionar sin una tercera que, unida a ellas, conserva las cenizas de esa pasión. Estas tres piezas en una establecen un marco interesante para el conjunto de todas ellas.

*Continúo retrocediendo en el tiempo para recordar cómo encontré otro conjunto de tres piezas, unidas entre ellas y marcadas por el contraste de materiales relacionados con la Justine del Marqués de Sade. Apoyadas en el suelo, percibimos a través suyo como voyeurs, pero también nos reflejamos en ellas, observándolas y observándonos través suyo. Ojos, máscaras, herramientas, útiles, objetos, tejidos, sedas, puntillas y texto. Materiales todos que sirven, con la tonalidad roja del carmín y con el negro del cuero, para expresar ese pensamiento y deseo que tenemos los humanos de gozar y sufrir, para poder llegar, casi, casi, a una plenitud en un diálogo contradictorio.

• Antes habían ido surgiendo otras urnas, que representaban el final de una obra, pensada lentamente durante meses, y que debían precederlas para anunciar un camino por el mundo de la sombra. Estas piezas tenían que representar el mundo del gozo y del placer, a través de los materiales, incluyendo en ellos nuestra propia sombra. Debían exponer y mostrar lo oculto en el interior del artista, pero no ser el mundo del artista: dudas, dificultades, incluso enfrentamientos internos. Piezas desmembradas de un traje de caucho imaginario, abstracción del pensamiento masculino y femenino, que se hace a medida de las necesidades de la vida, todos los días. Con este traje seducimos a nuestro entorno, como muestra la siguiente urna: dureza y suavidad, alambre y seda, como son todos nuestros encuentros con nosotros mismos y con los demás en el interior: disfrutar, amar, gozar, sufrir y ser rechazado. Podríamos decir que son elementos fetichistas, pero en realidad son un claro reflejo del arte conceptual; el fetiche no tiene carga artística hasta que el artista le proporciona el uso.

•Y el conjunto de todas estas piezas empezó siendo un juego de encuentro entre otros materiales, la cera, el papel, el fieltro, la madera, elementos que se mezclaron y compartieron entre ellos sus contradicciones, para transformarse en material artístico.

•Al llegar a este punto en el viaje al proceso por el que he ido desarrollando esta exposición, me he encontrando con las dudas propias de mi intención consciente de no proyectar en mi obra unas ideas personales, es más, de ir eliminándolas cuando aparecían. Lo que me ha interesado siempre ha sido reflejar ideas universales como expresión, y no una simple proyección personal. La terapia no tiene medida ni límites; el Arte tiene los que la abstracción le da al autor. La dificultad estriba en vivir la contemporaneidad sin perderse, sin dejar de ser fiel a uno mismo, a su formación y a lo que ha vivido, y al mismo tiempo no aislarse del momento en el que se vive; una contradicción más, sin duda. De este pensamiento surge una gran mesa de acero, donde se soportan esas dudas y dificultades materializadas en esos cristales rotos, claros y oscuros, actuales y vividos, como una nueva composición surgida del mismo proceso, reflejando en sí misma lo que ya era el nombre de la exposición: un paisaje roto, de claroscuro, luces y sombras nuevamente, La sombra habitada.

•Este mundo del claroscuro también me había llevado a tomar contacto con la animalidad del individuo, que quería dejar reflejada a través de una imagen más figurativa, ayuda que proporcionaba la fotografía, teniendo en cuenta que todo mi proceso pictórico se basa en la abstracción y el conceptualismo. Este pensamiento me invadió desde el primer momento en que empecé a materializar las ideas sobre la exposición. La imagen inicial que me surgió fue la de un cuerpo negro, velado por una luz blanca resbalando sobre él, y creando todos los matices del claroscuro. A continuación, surgió el perro, su máscara, su forma, y por lo tanto surgieron sus deseos, y apareció la oveja y su máscara pero no sus ojos. Animales ambos de gran contraste en la vida, donde los fuertes y los débiles, los duros y los blandos, los blancos y los negros están mezclados y a veces confundidos, hacen que el universo exprese la dualidad como algo vivo, y que la atracción se soporte sobre los contrarios. Este pensamiento, plasmado en la fotografía, tenía que presentarse a través de una obra artística de gran formato, que colocara al público en una situación de observador, de voyeur, más pequeño incluso que la misma obra, que contenía en su claroscuro y en sus proporciones muchas más sugerencias que la realidad misma. De esa manera nos reflejamos y deseamos lo que estamos viendo, y al tiempo, la máscara sobre la tercera de esas grandes fotografías nos vuelve a poner en contacto con nuestra parte más animal. La luz y la sombra también se manifiestan en la composición plástica de la obra fotográfica, porque la fotografía tiene siempre para mí, al margen de sus diferentes estilos, un contenido escenográfico; así es como en este caso he empleado el cuerpo humano que, transformado por el movimiento, viaja del placer y el reposo a la tensión y al dolor.

•No podía olvidarme de lo que había sido mi trabajo durante muchos años, la escenografía y el espacio teatral, pero también quise salir de ellos para plantearme un trabajo no tan narrativo. Me surgían dudas sobre cómo encaminar el proceso creativo, que acabaron poniéndome delante un pensamiento visual y matérico acerca de cómo arañamos la luz, una imagen tanto literal como metafórica: nuestro compromiso diario con la vida es ir sacando de la oscuridad los momentos más luminosos, para seguir creyendo en ella. Igualmente en el Arte, la luz y el color lo sacamos de la oscuridad; así que este proceso, invadido otra vez por la dicotomía y la contradicción, es el que apareció en la escultura colgada en la pared. El caucho y la luz nos descubren cómo esas tiras que cuelgan son los arañazos que diariamente damos a nuestra vida.

•Seguramente todos hemos notado cómo, en una sociedad como la nuestra, donde la religión y la cultura han influído tanto en la manera de comportarnos, la culpabilidad ante la propia felicidad es una reacción muy frecuente. Y éste es un arañazo más de desgarro, de luz y sombra, que me remite a otra de las piezas de la exposición, que ha surgido precisamente en los últimos días de su preparación. Es una pieza esquinada, casual, donde un gran espejo nos refleja y nos divide con un enorme arañazo de cristal rojo, mostrándonos, a través de la palabra escrita como materia artística, que cuando somos felices nos sentimos culpables. La dicotomía en la que nos vemos a través de este espejo no deja de ser la misma que muestro en todas la obras de esta muestra.

•A partir del momento en que empecé a pensar en la exposición, me vinieron a la memoria las primeras obras pictóricas que realicé en Varsovia, en una época en que yo vivía allí, justamente antes de la caída del muro de Berlín. Fue una etapa dura, histórica y personalmente hablando. Varsovia era una ciudad de grandes claroscuros entonces; yo venía de una ciudad muy distinta y con una mentalidad capitalista, que se tuvo que adaptar rápidamente para formarse y crear en unos años que eran los últimos del comunismo, y en una ciudad cuyas construcciones daban cuerpo al momento tan duro por el que todos estábamos pasando. De los ciento treinta cuadros que pinté en este periodo seleccioné cinco, que se pudieron restaurar. Los números que los nombran y los marcan cuentan, de una manera clara y directa, cómo yo me sentía un número más en esas circunstancias. Los elegí también para expresar que, al margen de lo que quería mostrar en ellos, tuve que trabajar con los materiales que pude encontrar entonces, en una sociedad que vivía en la austeridad y la pobreza, pero que pronto sucumbiría al capitalismo. Una época sombría, en definitiva, pero necesaria para poder llegar a la luz de un pensamiento creativo. Así, en este recorrido, hemos ido viendo cómo hay dicotomía, contraste, opuestos, luz y sombra en cualquier soporte artístico empleado.

•Sin embargo, el pasado debía complementarse con la contemporaneidad. La observación del mundo que me rodeaba, me impuso presentar también en la exposición alguno de mis últimos cuadros, de gran formato, en contraste con los anteriores, donde podía verse cómo mi gesto pictórico había ido creciendo en proporción a mi crecimiento personal. Comenzaron a surgir tres lienzos de gran formato, en tonalidades que no había utilizado hasta ese momento, más conscientes y pensadas. Otra vez, de la sombra, de lo oscuro, surgían los colores brillantes y expresivos. Pero faltaba el primer cuadro de la exposición, pintado en 2007, un cuadro suelto y seco. Otra vez, luz y sombra se mezclaban con el elemento repetitivo de un módulo, en cierto modo mis señas de identidad. Este lienzo, de mediano formato, vino y surgió en un momento de cambio familiar.

•Cuando Carmen Rivera, directora del MACUF de A Coruña, me planteó la posibilidad de preparar esta muestra, un trabajo pensado para completarse en año y medio, empezaron a surgir en mí las primeras dudas sobre por dónde encaminar una exposición construida en torno a la luz, el tema que ella me proponía. Y después de plantearme distintos caminos expresivos para poder desarrollarlo, sólo entonces, llegó el título definitivo, el nombre que puso en funcionamiento toda la idea y soporte espacial, donde debían estar incluídas las herramientas y soportes artísticos que uno, por ahora, sabe trabajar: pintura, fotografía, espacio, escultura, luz, forma... Ese título fue La sombra habitada.

•Con el título ya definido, se necesitaba incorporarle el espacio que ofrecía el MACUF, para hacer del tema y de las posibilidades que la luz cenital natural ofrecía en el museo, un todo, un recorrido por donde percibir, sentir, pasear, ser un poco voyeur y al mismo tiempo interactuar. El patio central del MACUF me sugirió cuál podía ser el núcleo central de la exposición. Y ví claramente que era un espacio relacionado con el habitat, y este habitat se transformó en una casa prefabricada, forrada de aluminio brillante, un material cotidiano y actual, que nos podía remitir también, como soporte escultórico y simbólico, al lugar que la sombra habita. Esta sombra se proyecta en el interior de la casa a través de una video-instalación, donde la unión de la imagen y el sonido, y la sensación que esa unión nos produce hace que uno se encuentre dentro del núcleo del hombre, en su corazón. Y este corazón, que late en continuo movimiento, me remitió de nuevo a la vida del ser humano, del hombre que goza y sufre, en esa dicotomía que nos hace estar vivos, latiendo constantemente. Este pensamiento se refleja en una proyección en el suelo de la casa, sobre una piscina de agua, donde se ve la cabeza de un hombre al que le cae agua sin interrupción, un hombre que imagina placer y sufrimiento. Se puede interactuar con el agua de la piscina donde se proyecta la imagen, produciendo un movimiento que se refleja en la pared pero que al poco tiempo se estabiliza, y así una y otra vez. Nos encontramos, como siempre en nuestras vidas, alimentando, moviendo, agitando nuestra imagen para que no se pare. Ese latir constante, que se percibe y se escucha dentro de la casa a gran volumen, que es nuestro latido, está construido a base de un ritmo contemporáneo, compuesto intencionalmente para este vídeo por un DJ.

•Y para iniciar y concluir la exposición, y para unir el principio y el final de nuestro recorrido, pensé que debía estar presente un elemento relacionado con el mundo del sueño. Ese mundo del sueño nos viene dado por los somieres, los soportes limpios y metálicos del descanso humano que a modo de rejas dividen y seccionan ese patio interior del museo, que dividen ese espacio creando otros, para sentir cómo siempre miramos y observamos a través de algo. Este algo es el sueño, que da forma a nuestros deseos y a nuestros anhelos. Ese anhelo de llegar a hacer esta gran instalación plástica es lo que me ha llevado, desde el primer momento, a construir y a ser la sombra habitada.

Madrid, diciembre de 2008

José Luis Raymond


   

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